Demografía

Evolución de la población europea
Año Población
1150 50.000.000
1300 73.000.000
1400 45.000.000
1750 140.000.000
1800 187.000.000
1850 266.000.000
1900 420.000.000
1995 728.000.000
2005 732.380.859
2007 732.938.773
2008 738.000.000

La población europea actual es, en su inmensa mayoría, fenotípicamente caucásica, dividida en dos grandes grupos: los nórdicos, que suelen tener una pigmentación de piel blanca clara y rosada, cabello rubio, rojizo o castaño claro y los ojos azules, habitando principalmente en Alemania, Rusia, Reino Unido, Francia, Norte de Italia, Suiza, Suecia, Irlanda, Noruega, Finlandia, Holanda, etc. y los mediterráneos que en su mayoría tienen la piel blanca con un ligero rubor (mejillas semi rojas) en el rostro, cabello oscuro o castaño la gran mayoría con ojos café y en menor cantidad marrones, verdes, grises o azules, viviendo en España, Italia, sur de Francia, Portugal, Grecia y los Balcanes. Pero en las regiones intermedias entre estos dos grupos, se encuentran muchas poblaciones que presentan características de ambos.

Fueron varios los grupos étnicos que, a lo largo de los siglos, invadieron el continente europeo, entre ellos destacamos a los íberos, celtas, germanos, vikingos, latinos o romanos, etruscos, helénicos, eslavos, etc. considerados luego autóctonos de dicho continente, a los cuales se suma la migración desde el continente asiático: fenicios, árabes, judíos y gitanos entre otros.

En la actualidad existen otros tipos de inmigrantes, entre ellos los asiáticos del lejano oriente y los provenientes de África y América Latina.

Características de la poblacion

Con respecto a la situación demográfica, destaca el hecho de cómo en el continente europeo la mayor parte de sus habitantes corresponde a una población adulta, con un envejecimiento progresivo y un marcado decrecimiento de la población juvenil. Esta situación ya resulta preocupante en varios países europeos, como Alemania, Austria, Francia, España, Bélgica, Países Bajos, Islandia, los países escandinavos, Dinamarca, Grecia y el Reino Unido, donde se produce una pirámide poblacional invertida con escasa población juvenil y sobre todo infantil. Este fenómeno también se da en Europa Oriental, donde en la década de los 90 del siglo XX, la caída del comunismo provocó un colapso de la natalidad, ya de por si baja dentro de los países comunistas europeos, junto con un brusco aumento de la mortalidad. En los últimos años, la caída de la natalidad en el antiguo bloque comunista se ha amortiguado, permitiendo una recuperación de unos índices de natalidad, más próximos a la estabilización de la población en la actualidad (1,5 hijos por mujer).[13] En países como Irlanda, Italia, Portugal y Suiza, la situación con respecto a la natalidad está más equilibrada, sin el sesgo de la pirámide invertida en su demografía.

Familia sami en 1900.

Otro rasgo característico de la demografía europea, es la elevada tasa de inmigración, destacando España en los últimos años, donde de tener una población extranjera inferior a los 100.000 habitantes en 1999, se ha pasado a varios millones, ya por encima del 10% de la población y convirtiéndose en el primer receptor europeo de inmigración, superando a los países que tradicionalmente fueron los receptores de la inmigración, como Alemania, Francia o el Reino Unido. En el caso de España, se pasó de 39 millones de habitantes en 1999, y con una pronunciada caída de la población desde los 42 millones que se había dado en los años previos a 1999, a 45 millones en 2006, sin incluir la inmigración ilegal; este hecho sirvió al gobierno español para aumentar el peso dentro del parlamento europeo, al recibir más escaños por su población.

Los problemas asociados al envejecimiento de la población pueden ser resumidos en dos partes, un menor crecimiento económico por los desequilibrios del sistema social y por un rasgo de menor innovación dentro de las sociedades envejecidas, y el mantenimiento del sistema de pensiones, cuya balanza de pagos queda seriamente dañado cuando el número de pensionistas supera al de trabajadores. Por estas dos razones, por considerarse un complemento de los sistemas de ayuda internacional, y por la política de hechos consumados, algunos gobiernos europeos han apoyado la inmigración en épocas de bonanza económica o para paliar los problemas antes citados.